El transporte intermodal en México creció 30% durante el primer semestre de 2026 frente al mismo periodo del año anterior, de acuerdo con Luis Hernández, presidente de la Asociación Mexicana de Transporte Intermodal (AMTI). El resultado representa, además, los dos mejores trimestres para la actividad en al menos una década.
El avance ocurre en un contexto de mayores presiones sobre los costos del autotransporte. En julio, los servicios de transporte de carga registraron un incremento anual de 3.84%, mientras el precio del diésel aumentó 17.04% respecto al mismo mes de 2025.
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Más que mostrar una ventaja automática del ferrocarril frente al camión, estas cifras evidencian la necesidad de cambiar la manera en que las empresas evalúan sus rutas. La tarifa por kilómetro dejó de ser suficiente para determinar cuál es la alternativa más conveniente.
El costo logístico va más allá del flete
Para un embarcador, comparar dos opciones de transporte suele comenzar con dos preguntas: cuánto cuesta el traslado y cuánto tiempo tarda. Sin embargo, el costo real de una operación incluye factores que ocurren antes, durante y después del recorrido.
Combustible, disponibilidad de equipo, tiempos de espera, inventario en tránsito, seguridad, retrasos, utilización de activos y capacidad de respuesta ante interrupciones también forman parte de la ecuación.
La presión sobre los combustibles vuelve todavía más importante esta evaluación. El diésel acumuló en julio cinco meses consecutivos con incrementos anuales de doble dígito.
Así, una ruta que inicialmente parece más económica por su tarifa por kilómetro puede terminar representando un mayor gasto cuando se incorporan unidades detenidas, entregas fuera de tiempo, inventarios adicionales o interrupciones operativas.
Por ello, la pregunta para los responsables de logística ya no debería limitarse a cuánto cuesta transportar una carga. El análisis debe determinar cuánto cuesta mantenerla en movimiento hasta que esté disponible para la operación.
Intermodal no significa eliminar al camión
El crecimiento del transporte intermodal tampoco implica necesariamente una sustitución directa del autotransporte. Su principal ventaja puede encontrarse precisamente en la combinación de ambos modos.
Un esquema puede utilizar camiones para recoger la mercancía en planta, trasladarla a una terminal y cubrir la primera y última milla, mientras el ferrocarril realiza el recorrido de larga distancia. De esta manera, cada medio participa en el segmento donde puede aportar mayor eficiencia.
Los servicios transfronterizos muestran esta tendencia. Southeast Mexico Express, operado por CPKC y CSX, registró durante el segundo trimestre un crecimiento superior a 30% respecto al primero y conecta el centro de México con Atlanta en aproximadamente cuatro días.
El escenario abre oportunidades para trasladar parte de la carga carretera al ferrocarril, especialmente ante el incremento de los combustibles, las exigencias regulatorias y las restricciones de capacidad en algunas rutas.
Esto no significa que el tren sea siempre la opción más eficiente. Lo que cambia es la importancia de diseñar correctamente la ruta completa.
Las seis variables para calcular el costo total
Antes de solicitar una cotización ferroviaria, una empresa que evalúa una alternativa intermodal debería construir una comparación integral de sus costos logísticos.
Entre los principales elementos a considerar están:
- Transporte: tarifas de cada tramo, combustible, maniobras y servicios adicionales.
- Tiempo: duración del recorrido puerta a puerta, incluyendo conexiones y operaciones en terminal.
- Inventario: capital que permanece inmovilizado mientras la mercancía está en tránsito.
- Confiabilidad: variaciones en los tiempos de entrega y frecuencia de retrasos.
- Riesgo: exposición a robos, accidentes, cierres e interrupciones.
- Capacidad: disponibilidad de unidades, operadores, equipo ferroviario y espacios.
A estas variables puede añadirse el costo de contingencia: los recursos que una empresa debe destinar para responder cuando una ruta deja de estar disponible. Aunque normalmente no aparece en una cotización de transporte, puede ser decisivo para operaciones críticas.
No toda carga es candidata al intermodal
La distancia continúa siendo un factor relevante, pero por sí sola no determina la viabilidad de una operación intermodal.
Las rutas largas y recurrentes pueden ofrecer mayores oportunidades para distribuir los costos de terminales y maniobras. También pueden resultar favorables las cargas con demanda predecible, ya que permiten aprovechar servicios con itinerarios definidos.
Otro elemento es el valor del inventario. Cuando cada hora adicional de tránsito genera un costo elevado, una alternativa con mayor tiempo de recorrido puede perder atractivo frente al autotransporte.
La infraestructura también es determinante. No basta con que exista una vía ferroviaria: deben analizarse las terminales disponibles, los accesos, las conexiones, las frecuencias y la capacidad para cubrir la primera y última milla.
Por esa razón, una ruta de 800 kilómetros no necesariamente será mejor candidata que otra más corta. Una operación con demasiadas maniobras o conexiones deficientes puede perder competitividad, mientras un corredor con infraestructura adecuada puede ofrecer mejores resultados aun con una distancia menor.
La oportunidad está en distribuir mejor la operación
El crecimiento de 30% registrado por el intermodal durante el primer semestre de 2026 no necesariamente anticipa una sustitución masiva del camión por el ferrocarril. Más bien, muestra que existe espacio para redistribuir las funciones que desempeña cada modo dentro de la cadena logística.
En México, las presiones sobre el autotransporte incluyen combustible, disponibilidad de operadores, seguridad, infraestructura y capacidad. Al mismo tiempo, el comercio con Estados Unidos y Canadá exige redes cada vez más integradas y confiables.
Mantener toda una operación bajo un solo modo también puede concentrar riesgos. Por ello, la estrategia puede consistir no en reemplazar completamente una ruta carretera por una ferroviaria, sino en diseñar una red donde el camión no tenga que asumir necesariamente todo el recorrido.
La principal señal del avance intermodal es, entonces, un cambio en la forma de analizar los costos logísticos. Ya no basta con saber cuánto cuesta recorrer un kilómetro. Es necesario determinar cuánto cuesta que una mercancía llegue a destino, en qué momento lo hará, con qué nivel de certeza y cuántos recursos requiere la cadena para garantizarlo.
Para los responsables de logística, esa diferencia convierte al intermodal en algo más que una alternativa de transporte: puede ser una herramienta para gestionar costos, capacidad y resiliencia de la red.
Nota Editorial: Este contenido fue escrito con la asistencia de un editor de eltransporte.com, basado en información de conocimiento público divulgada a medios de comunicación.
Fuente: thelogisticsworld.com






