La electrificación del transporte urbano en México avanza con rapidez y ya demuestra viabilidad operativa y rentabilidad en flotillas de última milla, mientras el transporte de carga pesada enfrenta rezagos importantes en infraestructura y financiamiento.
La transición hacia energías limpias en el sector transporte ha dejado de ser una tendencia futura para convertirse en una exigencia operativa, financiera y ambiental para empresas, fabricantes y autoridades. En el país, la adopción de vehículos eléctricos crece con fuerza en operaciones urbanas, mientras el segmento de carga pesada continúa limitado por la falta de infraestructura, autonomía y esquemas de inversión adecuados.
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De acuerdo con la Electro Movilidad Asociación (EMA), México ya supera las 250 mil unidades electrificadas en circulación. Su presidente, Eugenio Grandio, señaló que el mercado “ya es una realidad”, al destacar que en el primer trimestre del año se comercializaron más de 60 mil vehículos entre eléctricos, híbridos e híbridos conectables, según cifras de la AMIA.
La disminución de precios ha sido un factor determinante en la expansión del mercado, con modelos eléctricos disponibles por debajo de los 500 mil pesos, impulsados en gran medida por fabricantes de origen chino.
Última milla impulsa el cambio
El crecimiento más acelerado se concentra en el segmento de última milla. Adrián Enciso, director de Vehículos Eléctricos en General Motors México, explicó que las flotillas urbanas están migrando hacia la electrificación debido a un cambio en la evaluación empresarial, donde el costo total de operación cobra mayor relevancia que el precio inicial.
Este enfoque considera ahorros en energía, menor mantenimiento, cumplimiento normativo y objetivos de reducción de emisiones, factores que están redefiniendo las decisiones de compra en el sector logístico.
Empresas como Mercado Libre, DHL, FedEx, Grupo Bimbo, PepsiCo y Estafeta ya forman parte de esta transición mediante la sustitución progresiva de unidades de combustión por vehículos eléctricos.
En la misma línea, Manuel Tamayo, vicepresidente de Element Fleet Management en México, indicó que el mercado corporativo lidera la adopción, ya que en algunos casos el costo total de propiedad de un vehículo eléctrico puede ser entre 3% y 5% menor que el de uno de combustión, considerando operación, mantenimiento, impuestos y combustible en ciclos de tres a cuatro años.
Además, destacó que en ciudades con restricciones ambientales, las flotas eléctricas reducen costos asociados a contingencias, restricciones de circulación y unidades de reemplazo.
Transporte pesado, el principal rezago
Mientras la última milla acelera su transición, el transporte de carga pesada enfrenta desafíos estructurales. La autonomía limitada, el peso de las baterías, los tiempos de recarga y la ausencia de corredores eléctricos siguen siendo barreras determinantes.
Aunque existen avances puntuales, la adopción sigue siendo mínima. De acuerdo con la AMDA, entre enero y abril se comercializaron más de 10 mil vehículos pesados al menudeo, de los cuales solo 70 fueron eléctricos y 30 híbridos. En producción nacional, el avance es prácticamente nulo, con apenas una unidad fabricada en el trimestre, según la ANPACT.
Fabricantes como Daimler Truck, Mercedes-Benz Autobuses, Scania y Volvo Trucks trabajan en el desarrollo de plataformas eléctricas para autobuses y transporte de carga, aunque su despliegue aún depende de infraestructura especializada y financiamiento robusto.
Infraestructura y retos urbanos
Las principales ciudades del país, como Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara, concentran el mayor avance en infraestructura de recarga. Sin embargo, la red sigue siendo insuficiente para el ritmo de crecimiento del parque vehicular eléctrico.
La EMA reporta que los puntos de recarga públicos pasaron de 3,514 a 4,378, mientras que la infraestructura privada supera las 55 mil posiciones. Aun así, especialistas advierten que la cobertura continúa siendo desigual fuera de las zonas metropolitanas.
“El gobierno debe fungir como habilitador del ecosistema eléctrico mediante políticas públicas claras”, señaló Andrei López, CEO de Ce Neutral. También advirtió que el crecimiento acelerado de vehículos eléctricos podría generar presión sobre redes eléctricas urbanas no diseñadas para esta demanda.
Por su parte, Enciso identificó tres prioridades para los próximos cinco años: expansión de cargadores rápidos, fortalecimiento de redes de distribución con infraestructura de carga y capacitación técnica para reducir brechas de conocimiento en el sector.
Grandio agregó que la industria china ha tomado ventaja tecnológica tras años de inversión en baterías, software y manufactura, lo que dificulta la competencia global. En ese sentido, advirtió que México podría rezagarse si no desarrolla capacidades propias en tecnología y proveeduría especializada.
Ejes para acelerar la transición
- Políticas públicas más agresivas.
- Incentivos fiscales y regulación clara.
- Expansión de la red eléctrica con inversión de la CFE.
- Corredores nacionales de carga para transporte pesado.
- Financiamiento especializado para flotillas eléctricas.
- Desarrollo industrial local y capacitación técnica.
Nota Editorial: Este contenido fue escrito con la asistencia de un editor de eltransporte.com, basado en información de conocimiento público divulgada a medios de comunicación.






