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México acelera la electrificación del transporte público con innovación y políticas públicas

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La electromovilidad en México avanza hacia una etapa de consolidación en la que el desarrollo de infraestructura, la reducción de costos, la manufactura nacional y la formación de capacidades técnicas serán factores determinantes para ampliar el transporte público eléctrico.

Durante un encuentro con especialistas y representantes del sector de la electromovilidad en América Latina, actores públicos y privados analizaron los avances y desafíos que enfrenta la electrificación del transporte, así como las condiciones necesarias para llevar esta tecnología a más ciudades del país.

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Rodolfo Osorio, de la Secretaría de Economía, señaló que la electromovilidad debe abordarse como un ecosistema que incluye la manufactura automotriz, la infraestructura de recarga, la regulación y el fortalecimiento de proveedores nacionales. Desde esta perspectiva, la incorporación de autobuses eléctricos al transporte público también puede contribuir al desarrollo de cadenas productivas y nuevas oportunidades laborales.

Uno de los ejemplos expuestos fue el autobús Taruk, desarrollado por Dina y Mega Plus. La unidad es completamente eléctrica y tiene 73% de contenido nacional en sus autopartes, lo que facilita su integración a las cadenas regionales de suministro relacionadas con el T-MEC.

El crecimiento de esta industria también abre oportunidades en la producción de vehículos y componentes, instalación y operación de infraestructura de carga, mantenimiento y prestación de servicios especializados.

Metrobús proyecta alcanzar 700 autobuses eléctricos

El Metrobús de la Ciudad de México se mantiene como uno de los principales referentes de la electrificación del transporte público en el país. María del Rosario Castro, directora general del sistema, explicó que la red opera siete líneas y transporta cerca de 1.6 millones de pasajeros diariamente.

El proceso de electrificación comenzó en la Línea 3, que actualmente cuenta con 60 autobuses articulados eléctricos. Posteriormente, la Línea 4 sumó 55 unidades eléctricas de 15 metros y acceso de piso bajo, mientras que una nueva ruta hacia el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México incorporó autobuses de 8.5 metros.

Actualmente, Metrobús dispone de 168 unidades eléctricas, equivalentes a aproximadamente 20% de su flota. El plan contempla sumar 400 vehículos, inicialmente mediante la electrificación de la Línea 6, para llegar a cerca de 700 autobuses eléctricos, lo que representaría entre 50% y 60% del parque vehicular.

La meta de largo plazo es que la totalidad del sistema opere con unidades eléctricas para 2033.

El esquema de adquisición involucra a las 17 empresas concesionarias, responsables de realizar las inversiones en los vehículos. A su vez, Metrobús mantiene procesos abiertos a la participación de diferentes fabricantes y marcas.

Infraestructura y costos, desafíos para ampliar las flotas eléctricas

La transición hacia el transporte eléctrico demanda inversiones adicionales a la compra de autobuses. El fortalecimiento de la red eléctrica, la adecuación de patios y la construcción de sistemas de recarga son algunos de los elementos que deben resolverse para garantizar la viabilidad técnica y financiera de los proyectos.

En Chetumal, por ejemplo, se analiza la construcción de un patio equipado con un parque fotovoltaico de entre 3 y 4 megavatios, con capacidad para suministrar energía a 66 autobuses. La instalación también podría aprovecharse durante el día para recargar taxis, vehículos particulares y unidades destinadas a operaciones de última milla.

Los costos de operación también comienzan a mostrar ventajas frente a las tecnologías convencionales. Pedro Gutiérrez, director general de TransMilenio, indicó que en Bogotá un autobús eléctrico presenta un costo total aproximadamente 9% inferior al de las alternativas tradicionales.

La electrificación busca llegar a ciudades intermedias

El siguiente desafío para México y otros países de América Latina consiste en extender la electrificación más allá de las grandes capitales. Bogotá, Ciudad de México, Santiago y São Paulo concentran buena parte de la experiencia regional, mientras otras ciudades todavía cuentan con flotas cuya antigüedad promedio se ubica entre 20 y 25 años.

En México, entidades como Quintana Roo, Zacatecas, Sonora, Sinaloa y Tlaxcala participan en proyectos piloto y programas de asistencia técnica destinados a modernizar sus sistemas de transporte público.

Vicente Torres Garibay, director para México y Centroamérica de la Unión Internacional de Transporte Público (UITP), consideró que mantener el diésel como tecnología de referencia para el futuro del transporte no resulta sostenible. En su opinión, la electromovilidad debe avanzar mediante acciones que permitan convertirla en una alternativa habitual para las ciudades.

Gabriela de la Torre, jefa regional de Vehículos Cero Emisiones en C40, destacó que la transición energética no consiste únicamente en reemplazar autobuses. También implica modificar los modelos de operación, evaluar costos y tarifas, adaptar las características de las unidades y establecer compromisos políticos de largo plazo.

La expansión del transporte público eléctrico requerirá, por tanto, una estrategia integral que combine políticas públicas, inversión, capacitación y fortalecimiento de proveedores. El cambio representa una transformación de la cadena de valor del transporte, donde vehículos, energía, infraestructura, talento y servicios tendrán que desarrollarse de manera coordinada.

Nota Editorial: *Este contenido fue escrito con la asistencia de un editor de eltransporte.com, basado en información de conocimiento público divulgada a medios de comunicación.

Fuente: energymagazine.mx